La derrota de River Plate frente a Atlético Tucumán dejó mucho más que tres puntos en el camino. Dejó una sensación fuerte… y un mensaje todavía más fuerte de Eduardo Coudet. El técnico no buscó excusas. Fue directo, crudo y contundente en conferencia de prensa: “Fue malísima… el peor partido desde que estoy acá”, soltó sin rodeos, marcando el nivel que vio en su equipo.  El análisis fue igual de duro. Coudet reconoció que River nunca logró meterse en partido, ni desde el juego ni desde la actitud. Según su mirada, el equipo no transmitió “buenas sensaciones” en ningún momento, una señal clara de que el problema fue general y no puntual.  Además, el DT asumió la responsabilidad. En lugar de apuntar a los jugadores, se puso al frente del golpe: dejó en claro que el rendimiento colectivo lo involucra directamente y que el momento exige respuestas rápidas. El contexto agrava todo. La caída fue en el Monumental y ante un rival que no venía en los primeros planos del torneo, lo que generó bronca en los hinchas y un clima pesado en el cierre del partido. También hubo un gesto que no pasó desapercibido: Coudet interactuó con la gente durante el partido y luego pidió disculpas por la actuación, en una muestra clara de autocrítica y de lectura del momento.  River venía de levantar en la Sudamericana, pero este golpe vuelve a instalar dudas en el plano local, especialmente de cara a los playoffs. El análisis de Zona de Gol Coudet hizo lo que tenía que hacer: no esconderse. Cuando un equipo juega mal de verdad, no hay discurso que lo tape. Y River jugó mal… muy mal. Ahora viene lo importante. Porque la autocrítica sirve, pero no alcanza. Este equipo vive en una montaña rusa: gana afuera y se cae adentro. Si quiere ser candidato, tiene que sostener. Porque en el fútbol argentino, el margen se achica rápido. Y los playoffs no perdonan versiones como esta.