Ángel Di María volvió a demostrar que su regreso a Rosario Central va mucho más allá de los goles y las jugadas de categoría. En una noche en la que el Canalla necesitaba ganar para recuperar tranquilidad, el campeón del mundo apareció primero para convertir y después para hacer el trabajo menos vistoso: correr, defender y ponerse al servicio del equipo. Central se impuso por 1-0 frente a Tigre en Victoria por la novena fecha del Torneo Clausura, en un encuentro que terminó siendo mucho más sufrido de lo que parecía. Fideo marcó de penal a los 60 minutos y encaminó una victoria fundamental después de una semana cargada de tensión. Pero la imagen que terminó llamando la atención llegó cuando faltaba poco más de un cuarto de hora para el final. Emanuel Coronel recibió la segunda tarjeta amarilla a los 76 minutos y dejó a Central con diez jugadores justo cuando Tigre comenzaba a adelantarse en busca del empate. Di María no necesitó que nadie se lo pidiera. Retrocedió varios metros, ocupó el sector derecho de la defensa y durante algunos minutos terminó desempeñándose prácticamente como lateral para colaborar con un equipo que necesitaba cerrar el partido. El gesto tuvo todavía más impacto porque se trataba del futbolista que había marcado el gol y de la máxima figura del plantel. Lejos de desentenderse del trabajo defensivo o quedarse esperando alguna contra, Fideo entendió el momento y se metió de lleno en la pelea para defender la ventaja. Jorge Almirón destacó después del encuentro justamente esa actitud, mientras que sus compañeros también remarcaron la humildad de Di María para asumir una función completamente alejada de la que habitualmente desempeña. A los 81 minutos, el entrenador decidió reemplazarlo por Gaspar Duarte, pero para entonces la imagen ya había quedado marcada: uno de los futbolistas más talentosos del fútbol argentino corriendo hacia atrás y cerrando espacios como un defensor más. El triunfo también representó un desahogo importante para Rosario Central. El equipo venía de atravesar días complicados después de quedar eliminado de la Copa Libertadores y las críticas habían alcanzado tanto al plantel como al cuerpo técnico. En ese contexto, Di María también había tomado protagonismo durante la semana para respaldar al grupo y a Almirón. Frente a Tigre trasladó ese compromiso al terreno de juego: convirtió el gol que terminó definiendo el encuentro y después encabezó el esfuerzo para conservarlo. El análisis de Zona de Gol Hay futbolistas que lideran hablando y otros que lo hacen dentro de la cancha. Di María parece decidido a hacer las dos cosas. Su regreso a Central naturalmente quedó asociado a la jerarquía, los goles y la expectativa que genera un campeón del mundo, pero escenas como la de Victoria muestran otro costado igualmente importante. Central necesitaba una victoria y Fideo entendió que no alcanzaba solamente con haber convertido. Cuando el partido pidió sacrificio, terminó defendiendo casi sobre su propia área. Ese tipo de gestos tienen un peso enorme puertas adentro porque nadie puede sentirse habilitado a correr menos cuando la principal figura del equipo hace exactamente lo contrario. El Canalla todavía tiene mucho por corregir y una victoria ajustada no borra los problemas que aparecieron en las últimas semanas. Pero en medio de las dudas encontró una certeza: Di María no volvió a Rosario solamente para ponerse la camiseta. Volvió para asumir el equipo como propio.        Canal WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbAgwh3DeONCnOA33c40  Red X (Twitter): www.x.com/zonadegol_ok